Esta nueva exposición muestra un Helguera más pleno, más maduro, más original.

Su estilo delicado, perfecto, combina sutilmente el academicismo y su personal creatividad, infundiendo nueva vida a la tradición académica y situandola más alla del tiempo.

Opta por sus peculiares composiciones y despliega un cromatismo entonado, exquisito, que resalta la armonía del tema representado, con frecuencia colmado de contenido simbólico.

Su interés por la composición cuida el equilibrio de masas, la fuerza rítmica, la decisión en la línea, sitúa la figura en el espacio y la trata en función de las sensaciones que le transmite el tema aportando notas cromáticas altas o bajas según su personal interpretación.

Pero no observa el modelo, ni siquiera lo tiene presente, sino que lo sueña, lo visualiza y lo recrea dejando el protagonismo a la intuición, la imaginación y las emociones en un contexto de intemporalidad.

Las figuras, con mayor presencia en sus obras, representan personajes cálidos y tranquilos, manteniendo la suavidad de las formas que transmiten al espectador un sosiego de difícil descripción.